Todas esas cosas que aún seguimos aprendiendo

>> miércoles, 14 de mayo de 2014

                                  Foto: Nigel Roddis

No me canso de escuchar,
de observar,
de intentar comprender todas aquellas cosas que me son ajenas,
con la importancia que ello tiene para mi propio enriquecimiento.
Un enriquecimiento jamás tardío y que a veces sobrepasa la capacidad que cada humano puede soportar.
Pero los individuos somos más inteligentes que todo eso y nos estiramos,
nos ensanchamos,
nos dilatamos
para seguir absorbiendo lo que de alguna manera nunca nos vino dado en el paquete y ahora nos llega con retraso.
Esta demora aparece siempre a tiempo;
llama a la puerta
y automáticamente se abre, aunque fuera sople un vendaval.
Y por la noche consigues conciliar mejor el sueño, dando por bien aprovechado el día. Seguramente esos sueños sean incluso más placenteros que los soñados después de un día de desgana.

Muero, pues, porque llegue mañana con el nuevo color de día
y el mundo me descubra tanto como me alcancen los últimos minutos antes de que mis pestañas se nieguen a permanecer por más tiempo abiertas.
Y mi boca sonreirá feliz
y me seguiré preguntando por qué la vida no consta de más años para vivir
o por qué me niegan aprender después de muerto.

©Hisae 2014


1 comentarios amigos:

TORO SALVAJE 15 de mayo de 2014, 18:26  

Más años de vida en condiciones dignas.
Viendo lo que veo a veces creo que la muerte es una bendición.

Saludos.

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